Quienes trabajan desde hace año en la prevención y atención en violencia familiar nos dicen que las estadísticas son alarmantes. Desde que esta problemática se está visibilizando y creando instancias de acompañamiento a quienes la sufren, muchas más personas se están animando a contar sus historias y condiciones de vida. Las estadísticas más recientes nos dicen que los altos porcentajes de casos de violencia son igualmente en el mundo evangélico y católico, y aún, hay veces es mayor en el primero. Los estudios realizados sobre la relación de mujeres y niños/as que sufren violencia con las entidades religiosas nos señalan que un alto porcentaje de ellas, cuando se atrevieron a compartir lo que les sucedía, habló por primera vez con una autoridad religiosa. Sin embargo, este hecho no cambió en mucho su situación puesto que en la gran mayoría de los casos el consejo que recibió no fue el apropiado. Las iglesias y ONGs cristianas que trabajan con las comunidades no están preparadas para afrontar estos temas.

En muchos casos, aún, el discurso teológico y las perspectivas pastorales de iglesias son un caldo de cultivo para la violencia hacia mujeres, niños/as y ancianos/as. Miradas patriarcales, concepciones de "buen testimonio" de la iglesias, la naturalización de la violencia en las relaciones entre hombres y mujeres, adultos y niños, y hacia los ancianos, conlleva a que ésta se desarrolle aún con cierta legitimización "divina". Las creencias religiosas en torno a la violencia muchas veces terminan fomentándola, aunque mal no fuera directa y explícitamente. El ámbito mayor en el que se dan estas situaciones en la familia. Sucede entre quienes tienen vínculos más cercanos, como la convivencia bajo el mismo techo, y la creación de responsabilidades y acuerdos mutuos. También es este un espacio que en nuestras sociedades es más privada que otras, por lo que permite también que la violencia se ejerza con cierta "privacidad" o en un espacio en el que se puede ocultar del resto de la sociedad. Por ello, uno de los pasos más importantes es la comunicación de lo que está sucediendo, abrir la posibilidad de oír otras historias, ser acompañados por otros como una manera de "salir" de tal situación.

En este Diplomado estaremos tratando esta problemática desde las perspectivas de conocerla mejor, oír de profesionales en el área que vienen desde hace años acompañando a personas en situación de violencia familiar, conocer testimonios vivientes de quienes han podido salir de dicha situación, y explorar cómo la iglesia puede ser un agente de vida plena, acompañar desde sus lugar a quienes sufren violencia y trabajar conjuntamente con otras instancias en la superación de dicha problemática.

En este curso trataremos de compartir algunas herramientas para acompañar a niños y niñas que sufren o han sufrido algún tipo de violencia. Las estadísticas no nos muestran la realidad de violencia hacia niños, niñas y adolescentes (NNyA), aunque la mayoría de ellos se realizan al interior de los hogares y por personas uy cercanas a ellos y ellas.

En estas cuatro semanas trataremos de entender este flagelo. Uno de los secretos más ocultos y crueles, porque no solo se vulnera el cuerpo de los NNYA sino sus propias identidades. En primer lugar tipificaremos la violencia infantil. En segundo lugar trataremos de entender cuál es el rol o los roles de las madres de niños y niñas violentados. Luego veremos la actuación de los y las violentos/as y sus responsabilidades. Finalmente cómo debemos actuar como iglesia de manera integral e inter-institucional sabiendo que la ofensa violencia.

Entonces ¿Cómo acompañarlos a estos NNyA, víctimas de violencia? ¿Qué podemos hacer como iglesia, para que Jesús sea una realidad en sus vidas?

Diversas investigaciones demuestran que tan sólo entre un 7 y 16 % de los hombres golpeadores representan un tipo de personalidad patológica: no se arrepienten y hasta reivindican la violencia que ejercieron. 

Están también los llamados violentos cíclicos, principalmente trataremos de este grupo en el curso. solamente para que estos varones acepten las responsabilidades es necesario un trabajo de varios meses. Inicialmente puede que el uso de la fuerza se reduzca, pero la violencia sexual y económica es más fácil de desandar. Socialmente el ejercicio de poder del varón está bien visto a la sociedad machista y patriarcal. existen también factores psicológicos que necesitan ser tratados.

En este curso abordaremos algunas experiencias de acompañamiento a hombres que ejercen violencia, así como también, historias en las que abandonaron dichas prácticas. Compartiremos cómo una iglesia u ONG cristiana puede abordar un acompañamiento guiada por profesionales en el tema y generar un trabajo de abandono de prácticas y superación de la violencia en el hombre que la ejerció.

La iglesia tiene que estar preparada para darse cuenta de las características que tiene una familia donde hay ejercicio de violencia. Es importante que acompañemos, que podamos tener espacios donde estas mujeres puedan acudir a pedir ayuda. La iglesia no sólo tiene las herramientas para romper los silencios de la violencia sino que tiene la obligación de llevar una educación pacífica a la familia. Cuando una mujer está en una situación de violencia siente mucha soledad y la iglesia puede ser ese sostén que necesita para salir de la problemática. La violencia, además, deja a las víctimas sin palabras y la iglesia debe ser aquella que ponga palabras en la boca de las mujeres y que les enseñe a defenderse y a dejar de re-victimizarse. En este curso estaremos aprendiendo sobre esta terrible problemática, y sobre las maneras de acompañarlas en el proceso de su sanidad compartiendo testimonios de mujeres que salieron de la violencia, así como también, del estudio teórico y práctico sobre el tema".

El noviazgo es un período que debe servir para el conocimiento y la construcción de la relación de pareja. En este tiempo cada uno pone en juego no solo técnicas de seducción hacia la otra persona, si no que también despliega los hábitos y comportamientos que se aprendieron en la familia de origen. Cuando hablamos de violencia nos referimos a una conducta aprendida que busca ejercer el control sobre la otra persona, basándose en una asimetría de poder y desconociendo los derechos y las diferencias de manera crónica. Uno de los mitos de amor romántico es pensar que nuestro amor salva o que mágicamente puede hacer que una persona cambie, lo cual lleva muchas veces continuar con noviazgos que son dañinos. la prevención de violencia en el noviazgo es fundamental para advertir acciones y buscar formas en que la pareja siga lastimándose.

Es imprescindible saber cómo ayudar en esta etapa de construcción de la relación para que sea saludable para ambos integrantes. En este curso aprenderemos a reconocer los indicadores que se presentan en un noviazgo violento y a como trabajar para prevenirlos.

El curso busca acercar a las y los participantes a un entendimiento más amplio de la violencia de género dentro del marco de las manifestaciones de violencia y poder. Se explorará la legitimación de esta violencia desde los mandatos religiosos, analizando sus procesos de confirmación y reforzamiento. 

Las y los participantes tendrán acceso a los resultados de un reciente estudio entre mujeres cristianas líderes que con sus historias de vida retratan lo que pueden ser considerado una epidemia de violencia y silencio cómplice desde sus propios contextos de familia y comunidad de fe. Finalmente, estaremos explorando en la narrativa de los Evangelios a Jesús como paradigma de denuncia y modelo de intervención de las formas de violencia de su tiempo.


Mg. Karina Vargas

Profesora Titular